LA CARGA IDEOLÓGICA QUE TRAERÁ ISMAEL PEÑA A LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
OPINIÓN
Voz Libre
2/19/20263 min read
La existencia, los intereses y la conciencia de la clase dominante están profundamente integrados a un sistema de creencias que legitima su gobierno. Esto sugiere que los dispositivos institucionales vigentes se reproducen, en parte, mediante una forma de hegemonía cultural, una cosmovisión positivista que se convierte en una forma de autoengaño y, además, da poca cabida en la sociedad en general al desarrollo de una conciencia histórica opositora.
Henry A. Giroux: Pedagogía y política de la esperanza - 2003
A propósito de la actual coyuntura de la Universidad Nacional de Colombia y más allá de pensar en la Autonomía Universitaria, esa autonomía que no puede elegir a sus administraciones porque terminan siendo impuestos por un grupo minoritario con intereses políticos y económicos dentro de la misma; es fundamental cuestionarnos el papel que juega la universidad como un centro de pensamiento.
Por supuesto que también reconocemos los intereses económicos que hay detrás de la rectoría en la Nacho, pues el escándalo que enloda al que será el nuevo Rector sobre el spin-off con la empresa Rotorr que utiliza recursos públicos para lucrar a otro grupo minoritario bajo discursos como “investigación e innovación en las regiones con el uso de la tecnología” es simplemente una apología a la delincuencia más vil y descarada, pues robar recursos públicos a universidades que necesitan dinero, es simplemente un acto desvergonzado.
No obstante, es fundamental comprender la apuesta ideológica que tiene este sector de derecha en la universidad, pues ante la agudización de las contradicciones en el actual panorama universitario en términos académicos y políticos, Peña busca atenderlas como simples expresiones cotidianas de algunos sectores dentro de la universidad, busca que precisamente haya una “normalidad y quietud” dentro de los campus universitarios de todo el país.
El objetivo principal de los sectores de derecha – que están dentro y fuera de la universidad – es instaurar la cultura del positivismo, esa que se niega por completo a que existan cambios y contradicciones en la comunidad universitaria, a la eliminación de las perspectivas históricas y de memoria. El positivismo basa sus argumentos tecnocráticos para la resolución de conflictos, esta cultura es reaccionaria, conservadora y de extrema derecha, pero, sobre todo, como este se niega a los cambios y transformaciones inmanentemente debe perseguir cualquier expresión que exista de transformación, tal cual es el pensamiento crítico.
Nos encontramos ante un panorama complejo dentro de la Universidad Nacional de Colombia, centro de pensamiento que Peña y sus secuaces quieren que esté bajo las leyes naturales de la neutralidad, el objetivismo y lo estático, esto es en esencia un rechazo a los valores éticos e ideológicos que desea despojar de la academia, sin embargo, obra ideológicamente para los intereses de sectores empresariales que rodean con hambre de acumular ganancias a la universidad más grande e importante del país.
Ismael Peña desea recobrar la hegemonía política e institucional dentro de la Unal, suprimir la lucha ideológica y el conflicto intelectual; el compromiso que tiene Peña con la adulación al academicismo tecnocrático, matemático, tecnológico y generador de soluciones meramente técnicas – como lo expresa en sus propuestas de campaña junto con la empresa rotorr – es convertir la Universidad Nacional un centro de investigación al servicio del mercado, que la producción académica y científica sirva para enriquecer grandes capitales. Profundizar la mercantilización de la investigación y la ciencia implica precisamente suprimir los debates sobre la academia al servicio del pueblo y las transformaciones sociales, ya que la transformación y el anhelo del cambio lo que configura un pensamiento crítico que es opuesto a la cultura positivista que quiere retornar con la llegada del nuevo rector.
“Este no es un planeamiento nuevo, por el contrario, es un debate que debe retomarse con fuerza y contundencia, no es posible que las discusiones pretendan centrarse en una o dos consignas, cuando de lo que estamos hablando es de toda una estructura político-ideológico reaccionaria que se quiere tomar la universidad, es hora de pensar ¿Qué queremos y cómo queremos que sea la Universidad Pública? Ese sentido de identidad forjará nuevas estrategias políticas y organizativas asumiendo una nueva cultura revolucionaria.”


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